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martes, 18 de noviembre de 2014

Diario de lectura de ''Los Pichiciegos''-Santiago Petrini

El miedo cambia.

El libro que elegí para este trabajo es “Los Pichiciegos”. Elegí este porque me resultó interesante el título, ya que no lo entendía y no se me ocurría por que se podría llamar así, y luego leí la contratapa y me gustó mucho el argumento.


Primera lectura, hasta página 73: el libro muestra desde un principio la situación crítica de los soldados que tienen escasa cantidad de provisiones para subsistir. Sin mencionar las dificultades que tienen para mantenerse calientes en su refugio, consumiendo su comida y calentándose con las linternas, apuntándose en la cara, más precisamente en los ojos, lo que les producía dolor en ellos, llanto, ardor y pérdida de la visión por un tiempo determinado. Mientras ellos viven como viven, los oficiales y enfermeros tienen mayores lujos como abundante café, alcohol, calefacción, etc.

Me gusta el modo en que los soldados cuentan sus anécdotas y los hechos que pasaron antes en la guerra, de una forma que mezcla humor y tragedia.
Se puede ver como los "pichis" toman una posición neutral, ya que venden información a los ingleses a cambio de provisiones. Buscan la manera de sobrevivir como pueden, y aunque tendrían que luchar por Argentina, por miedo toman esa posición. Esto me parece mal, tendrían que defender al país, pero también me pongo en el lugar de los jóvenes que fueron obligados a ir a esa guerra, casi todos con miedo, extrañando su vida y con ganas de volver. Ellos son muy inmaduros para eso, tienen una mochila muy pesada en la espalda y lo único que tienen es su instinto para subsistir.
Tan neutra es la posición de este grupo, que hasta cuando los ingleses destrozan los complejos argentinos, ellos festejan y celebran, debido a que se ganan la confianza de los británicos que van a seguir recurriendo a ellos y brindándoles los productos que necesitan.
En una parte se nota mucho que estos jóvenes crecieron en una dictadura, debido a las charlas de política que tienen, donde no tienen mucho conocimiento de los hechos, estadísticas, conceptos erróneos, no saben a que edad se empieza a votar, entre otras cosas.
Los "reyes" son los lideres de este grupo, los que mandan, los que deciden cuando se hace y cuando no las cosas y los que administran los recursos del lugar. Estos lideres hacen todo para su propio beneficio, cuando creen que hay pichis de mas en el refugio, se los entregan a los británicos para que hagan lo que quieran con ellos, se los sacan de encima, todo para que estén mas cómodos y tener mas provisiones.


Segunda lectura, página 73-156: “El miedo suelta el instinto que cada uno lleva dentro”, “A algunos les saca lo mejor, a otros les saca lo hijo de puta, y a otros le saca lo inservible de adentro”. Estas frases me gustaron mucho y sintetizan para mi el tema principal de la novela. Todos los soldados que pudieron sobrevivir tuvieron que utilizar sus máximos instintos para no terminar como los otros, helados o muertos de frío en una trinchera.
En casi toda la novela, los pichis hablan de los soldados que sí defendieron a su país, ingleses y argentinos. Los critican por sus desiciones, opinan, como si fueran superiores a ellos. Por una parte tienen razón, a mi entender, no se si fueron superiores, pero si mas inteligentes, ya que con mas instinto de supervivencia sufrieron menos escondiendose de la guerra y aliandose con los supuestos enemigos.
Así, se pone en evidencia como los pichis no son protagonistas directos de la guerra y todo el tiempo se ponen en los lugares de los soldados y autoridades que si combatieron. Toman una mirada distinta, otra visión de los sucesos.

Conclusión:
La verdad que este libro me gusto muchísimo, el modo en que los pichis contaban sus historias, daban su opinión y trataban de subsistir. Con dialogos fluídos y lectura ligera, hicieron que el libro sea muy placentero, sin mencionar que los protagonistas son de mi edad y tranquilamente podría ser yo uno de ellos

sábado, 13 de septiembre de 2014

15 poesías



1) Inteligente, conciente de cuando actuar,
ella es la enfermedad de todos.
Es la extinción de la vida, la única certeza desde el comienzo.
Ella no discrimina, ella te aleja de todo.
Invencible,  astuta, siempre te va a atrapar.
Sin importar lo que hagas, ella no tiene piedad.
Es lo desconocido, no se puede saber,
si ella te lleve tal vez, hacia un lugar mejor.

2) Nunca una compañía,
nadie con quien estar,
nunca hice nada por nadie,
nadie me pudo salvar.
Ahora estoy solo,
yéndome de este mundo,
sin nadie que me acompañe,
sin recuerdos compartidos.

3) Aquellos casos límite,
donde todo es sufrimiento,
desesperación, tragedia,
donde no hay marcha atrás.
En aquellos casos límite,
el final es un alivio,
irse de este mundo,
puede ser lo mejor.

4) La muerte me persigue,
me persigue a donde voy,
sin dejarme respirar,
está en todos lados.
poniendo resistencia,
lucho para no partir,
cerrándome las salidas,
ella se hace difícil.

5) Sin ellos no se que hacer,
en todo camino estuvieron conmigo,
en los momentos difíciles de la vida,
siempre estuvieron presentes.


6) Muriendo en agonía,
soñando con la muerte,
recuerdos borrosos torturan en mi mente.
El tiempo no avanza
y mi presencia es importante,
pido a dios que me lleve y me libere de esta cárcel.

7) Sin ellos no soy nada,
son todo lo que tengo.
Hoy lamento que uno de ellos,
se va para otro cielo.

8) La vida es una entrada,
la muerte una salida,
el nacer es la alegría
y la muerte una tragedia.
La vida se conoce,
la muerte es desconocida,
la vida se bendice
y la muerte es enfermiza.

9) Mientras cuento los días que me quedan,
la vida se va renovando.
Cuando algo se va, algo viene,
el tiempo lo es todo
y entre dudas se pasa,
sin darte cuenta, te quedas sin ella.

10) La vida es lo más anhelado,
y en ella se busca la felicidad.
La felicidad es la carrera de toda una vida
y a veces, no se llega a ella.

11) Despidiéndome de todo
y con ganas de volver,
sin fuerzas para seguir,
rezo por volver a nacer.

12) Terminando este camino,
sin ganas de seguir,
solo en esta vida,
me voy sin dejar marca.

13) Sufriendo su partida,
vienen miles de recuerdos,
pero con la frente en alto,
llevo a cabo este duelo.

14) Me escondo donde sea,
distorsiono la realidad,
pero todo es en vano,
ella siempre va a ganar.

sábado, 13 de julio de 2013

Gemelos



Mi hermano gemelo Ramiro siempre fue distinto a mi, aunque éramos iguales físicamente teníamos personalidades totalmente distintas. Yo era el gemelo tranquilo, el educado, el que siempre obedecía a mamá. En cambio él era todo lo contrario, era inquieto, desobediente y con mal carácter. Se podría decir que yo era el “bueno” y él era el “malo”.
Vivíamos en Mendoza, cerca del estadio de Godoy Cruz, por lo que nos hicimos fanáticos de ese club. Solíamos ir a la cancha, donde mi hermano siempre generaba problemas con los hinchas rivales antes de ingresar. Era la única actividad que hacíamos juntos, era el único momento en el que parecíamos una verdadera familia. Íbamos con mi mamá y mi papá, hasta el día en que él murió, después de eso dejamos de ir, ya que nos dolía recordar esos momentos en los que el estaba vivo y pensar que ahora ya no estaba, que no volvería.

Recuerdo que siempre que mamá traía visitas a casa, Ramiro trataba de estropear todo, por cualquiera que sea la razón, y sin embargo mi madre me culpaba a mí. En la calle se peleaba con todos por cosas insignificantes o solo por diversión, y ellos también se enojaban conmigo. Todo el tiempo yo debía asumir la culpa por sus acciones, supuse que la gente se confundía debido a que éramos iguales, y jamás me defendía, siempre asumía la culpa, aunque ni siquiera yo sabía bien el por qué.

Durante años fui castigado por sus travesuras y no dije ni una palabra, pero ya no aguanté más, decidí dejar de dar la cara por mi hermano, estaba cansado. Un día, Ramiro se peleó con un colectivero porque este le había cobrado más caro el boleto y, obviamente, me culpó a mí.
-¿Me acabás de insultar? -Dijo el colectivero, acusándome- Bajate del colectivo.
-Pero yo no hice nada, fue él-Me defendí como nunca lo había hecho, acusando a mi hermano, sabiendo que después lo podría pagar-.
-¿De quién hablás?
Ramiro lo interrumpió:
-Dejá, Rogelio, no le hagas caso, bajémonos.
Nos bajamos y caminamos hasta casa, pero las palabras del colectivero resonaban en mi cabeza: “¿De quién hablás?”. ¿Podía ser que el colectivero no lo haya visto? ¿Pero cómo? Si lo tenía en frente…
Ahora todo me daba vueltas; siempre la culpa era mía, como si nadie viera a Ramiro, pero el siempre estaba ahí, ¿Por qué todos lo ignoraban y me culpaban a mi? Había algo raro…

Hasta que un día me di cuenta de todo. Fue en nuestro cumpleaños, el 22 de mayo de 2006. En las calles reinaba la alegría y la paz, todos en Mendoza estaban felices por el tan ansiado ascenso de Godoy Cruz a primera, por primera vez en su historia. Nosotros cumplíamos 9 años, había venido solo mi familia, ya que no tenía muchos amigos. Siempre me había costado mucho integrarme, era muy introvertido y me costaba relacionarme con la gente, al contrario de mi hermano, él no tenía problemas para hacer enemigos.
Yo estaba muy feliz con nuestra torta de Godoy Cruz, con la cara de nuestro ídolo, Sebastián Torrico, fundamental para el ascenso. Antes de que soplara las velas, Ramiro hizo de las suyas y todos, para no perder la costumbre, me culparon a mí, pero sucedió algo raro: Cuando les dije que yo no había sido, que había sido Ramiro, todos me miraron con cara rara. Yo no entendía por qué, y cuando preguntaba me miraban como si estuviera loco y hablaban bajo entre ellos. Pasaron unos largos minutos de confusión, hasta que finalmente mi mamá me llevo a mi cuarto y me preguntó:
-Hijo, quién es Ramiro?
-Ramiro, mamá, mi hermano, ¿Quién va a ser?
-Rogelio vos no tenés hermano, sos hijo único, ¿Estás seguro que Ramiro no es un amigo tuyo?
-No mamá, Ramiro, mi gemelo, tu hijo.
Mi mamá se quedó mirándome con lágrimas en los ojos y luego salió de la habitación, dejándome totalmente atónito.

No volví a ver a Ramiro durante un tiempo. En ese tiempo me llevaron varias veces a un psicólogo, aunque yo no entendía por qué, me gustaba ir allí. Luego de muchas sesiones, el psicólogo me dijo que Ramiro era un producto de mi imaginación, que lo había creado para que hiciera todas las cosas que yo no me animaba a hacer.
Esto me tranquilizó, ya que pensaba que ahora que conocía la verdad sobre mi hermano, nunca lo iba a volver a ver e iba a poder llevar una vida normal y por fin podría hacer amigos.

Sin embargo, una tarde de octubre de 2006, me desperté de la siesta y me llevé la horrible sorpresa de que Ramiro estaba parado al pie de mi cama. Me dijo que lo siguiera. Algo en mi no me permitía negarme, así que no pude evitar seguirlo. Fuimos a la cocina y vimos que no había nada para comer, entonces me pidió que vaya con él al almacén. Luego de tres largas cuadras llegamos y nos pusimos a recorrer las góndolas buscando algo para comer. Yo veía como él tomaba cosas y se las guardaba en el bolsillo, pero no dije nada, no porque no quisiera, sino porque no podía. De repente escuché un grito, era el dueño del almacén que venia corriendo hacia nosotros. Yo inmediatamente pensé que me acusaría a mí, y ya me estaba preparando para pedirle disculpas, pero no, sorprendentemente, pasó corriendo por al dado mío, tomó a Ramiro del brazo y le dijo:
-Mostrame tus bolsillos, yo se que estuviste robándome cosas.
Yo me quede congelado, no lo podía creer, ¿como podía verlo si supuestamente no existía? Salí corriendo del almacén sin mirar atrás.

Toda la situación daba vueltas en mi cabeza. ¿Cómo podía ser que el dueño del almacén lo pudiera ver y los demás no? ¿No era un producto de mi imaginación?
Me quedé dormido con estas ideas en mi cabeza.
Esa noche me desperté agitado después de una pesadilla y me llevé la horrible sorpresa de que Ramiro estaba parado al pie de mi cama. Me dijo que lo siguiera. Algo en mi no me permitía negarme, así que no pude evitar seguirlo. Fuimos a la cocina, pero esta vez, Ramiro no buscó comida, sino que tomó un cuchillo y salió por la puerta. Lo seguí hasta el almacén y observé aterrorizado como apuñalaba al dueño por la espalda.
Me quedé boquiabierto mientras vi a Ramiro avanzar hacia mí con el cuchillo levantado, no entendía lo que sucedía.

Sentía la sangre escurriéndose bajo su cuerpo, pero no sentía dolor. Ramiro estaba en el piso y miraba a Rogelio, sin comprender lo que acababa de suceder. Levantó la mano y observó como se desvanecía, mientras que Rogelio sentía que una parte de él desaparecía.

Durante los años siguientes de su vida, Rogelio tuvo muchos problemas en el barrio y, luego de cumplir 18, con la ley. Era como si esa pizca de moral y decencia que tenía antes de esa noche se hubieran esfumado, ahora nada lo detenía a la hora de actuar de forma inadecuada, como si hubiera perdido su bondad.