Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Gomez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago Gomez. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de noviembre de 2014

UNA HISTORIA PARA PADECER TERNURA

Comencé a leer el libro en el colectivo, disperso, me cuesta comprometerme con la lectura, lo siento ajeno, sonidos molestos, la gente que habla. Cuando comprendo la situación del texto me pierdo en el. Bajé del colectivo y casi me chocan, el momento del abrazo fraternal me había comprado, recordé a mi hermana menor, terca como ella sola pero nunca más que yo, y mi vinieron a la mente muchos abrazos, en los que también corrían lagrimas. Caminé sin mirar hacia adelante y cuando lo hice estaba frente a mi casa. Cuando leí “ejercito infantil de resistencia” me enternecí, pero esta emoción se mezclo con un sentimiento de miedo protector, porque entendía lo peligroso que era el contexto.
“Podíamos parecer niños cualquiera, o incluso niños perturbados, pero nosotros eramos pequeños combatientes”. Cuando me encuentro por fin con el titulo de la novela siento una satisfacción, hasta sonrío levemente, ya había paseado por el parque de este texto y ahora me encontraba cruzando la puerta y con ganas de seguir avanzando. Siento constante ternura por la planificación del personaje principal, siento que empiezo a pensar como un niño y me desentiendo del mundo en el que ahora con 18 años estoy entrando, el de un hombre. Empiezo a encontrar mas lógicos a los chicos que a los adultos que los rodean.

Me está molestando la actitud pasiva de los tíos, nunca toman las riendas del asunto, parecen postes, ceros a la izquierda, solamente repiten como loros, “psicólogo, psicólogo”, esto me irrita. La abuela de la niña empieza a darme mucha curiosidad, se presenta como una persona fuera de sus cabales en el texto, pero yo sé que esconde mucho más de lo que se ve. En la chica noto una idea demasiado romántica sobre la guerra y la militancia, una idea que claramente carece de experiencia y que solo habla por boca de otros. Habla como si supiese de algo que solo se imagina.
Cuando Leí de la tristeza de los hermanos en la pagina 26, sintiéndose responsables de que su “compañera” la asistente social no hubiese llegado, y además intentando imaginársela segura en una casa me dolió el alma, la inocencia de ambos, que sin haber visto siquiera a su asistente ya daban por sentado que era un camarada, las culpas empiezan a ser muchas y los veo muy superados, me angustio, me desespero y empiezo a sentir impotencia, me invade una mezcla de ternura y tristeza. Me subo al tren de esta historia y parezco ser el único que ve el pozo al final, y también el único que no alcanza los frenos.

Me río mucho con la religión que inventaron los chicos, además parece ser que consiguieron seguidores. Los rituales, las mañas, estos chicos me sorprenden, el texto sigue y toma un poco más de color, me olvido un poco de los problemas y empieza a tener más luz todo.
Me vuelvo pasivo hasta que veo que la abuela empieza a cantar una canción de los montoneros y que la otra hace palmas, entendí allí el pasado de ambas, que ya era previsible pero ahora se hacía mas presente que nunca, los chicos se ilusionaban más con la revolución y ahora la cantaban a escondidas como locos.
Cuando la abuela dijo “vinieron” de verdad sentí el momento, la tensión, la desesperación que encima había que ocultar en silencio, era como esa pelota que pego en el palo con la que casi te empatan. Amadío no lo entendería, no mira futbol, o capaz lo aborde desde alguna experiencia personal y si, no lo sé.

Los inventos con los que sueña la chica son impensables pero divertidos. Me desentiendo de la chica, por momentos tengo que verla con ojos de adulto, por momentos con ojos de niño. Por fin entiendo que es mas niña que mujer, pero me costó.
Siento que la niña se siente sola. Dice que Verónica, un persona ficticio, era su mejor amiga, que se sentía muy identificada, y que si se conocieran se entenderían muy bien. De verdad la veo necesitando una amigo, además de su incondicional hermano.
Llego una vieja amiga de los padres de la niña y el niño, no me pareció gran cosa, hasta que dijo que no sabía, donde estaban, quienes se los habían llevado, ni si estaban vivos. Me resulto muy crudo para los hermanos, sobre todo para el más chico , y al igual que todos en la casa después des escuchar esas palabras, yo también me quedé duro y tenso en la lectura.

Que coincidencia, justo cuando descubrí que necesitaba una amiga apareció, eso me alivió, y la historia del padre fue conmovedora, pero no pasaron 2 hojas que la amiga se mudó, eso me dejó insatisfecho. El libro se torna más difícil de disfrutar, a pesar de los lindos momentos parece que nunca sale nada bien, no me gustan los finales felices, pero que toda la historia sea angustiante lo vuelve un poco denso, además estoy ansioso por encontrar ese gran problema que vuelve interesante a todas las historias. Me conmueve también que haya invitado a los 3 hermanos, hijos del montonero, y ver el buen corazón de la niña. Cuando leí que el hijo del montonero no fue más a la escuela abrí los ojos grandes y me imaginé 100 finales horribles para el chico, todo esto involuntariamente.
Odio el ingles, pero se ve que ella no. Cuando vi que no querían que vaya más no sabía por quien sentía más pena, si por la opinión muerta de la señora que le enseñaba o por la chica. Recordé en ese momento que también fui marginado por mi entorno alguna vez por mi nivel económico o mi posición social, y es doloroso por que no depende de uno y además por que no debería ser motivo para disgregar a nadie.

Cuando leí que en el fondo ella esperaba un encuentro con “el enemigo” quede mal, y leer que suponía que después de ver a sus padres (que parecía darlos por vivos sin saber) tal vez la dejaran ir por ser mujer me dolió más todavía, la inocencia ciega de realidad empezaba a espantarme, me ponía nervioso ver lo equivocada que estaba.
Leer la palabra colonia me trajo miles de recuerdos que se empujaban por llegar a mi cabeza, después de unos minutos los reprimí para continuar con mi lectura, pero no paraban.
Cuando la chica que se los llevaba el fin de semana, amiga de sus padres, les dio el libro estando en su casa, con los riesgos que había implicado regresar a buscarlo me llené de orgullo.
Esta mujer de los ojos celestes era la realidad que le estaba faltando a estos chicos, que vivían de ilusiones y especulaciones. Era sincera, y cruda para decir la verdad, me gustaba su carácter, pero también temía por ella, era muy directa y se notaba de lejos que era una “subversiva” para los uniformados. Cuando la chica se va a Tucumán, los nuevos personajes me marean un poco y me descoloco de la historia. El hecho de que no existan nombres para los personajes y solo se los presente como vínculos familiares hacía que se me enredaran más las ideas.
Siento que la abuela de la niña es muy prejuiciosa, y que está resentida con la familia, que por eso habla tan mal de ellos.

Que ella se enamorara me trajo muchos recuerdos, y me pareció muy divertido porque además ese tal Diego al parecer tenía menos conciencia que un mosquito.
Cuando leí el ejemplo que iba a darle la chica a su tía, “imaginate que te enamoras de un nazi” estallé. Me reí solo y de nuevo sentí esa ternura por la inocencia.
Cuando leí que la abuela que estaba en Tucumán se había muerto no lo podía creer. El texto ni me había preparado, estaba leyendo muy rápido y cuando leí “muerta” paré, y volví atrás para ver si había leído bien. Fue un golpe muy bajo y me hizo recordar a mi abuelo.
Me puso mal ver que los hermanos rifaban sus cosas para los soldados de Malvinas... sabía que no iban a llegar las cosas que le compraran.
Bueno, el final fue bastante fuerte, pero era hora de admitirlo, me alegraba que ella lo hubiese podido asumir, pero ella era más grande, su hermano claramente no estaba preparado, creo que se equivoco, pero bueno. Me gustó mucho esta historia, es muy angustiante igual, llega un momento que te empieza a deprimir que nunca se acabe la mala leche, pero de todas formas me pareció excelente y fue un gusto leerla.

jueves, 11 de julio de 2013

Cliché

Se estaba haciendo tarde. Y ella cansada. Pero no se quejaba. Rodeada de gente agradable, los rostros se confundían con la luz palpitante. La música marchaba en sus oídos y una bella sensación la mantenía en vilo. Cosquilleo en el vientre, navegaba por alta mar. Reía alelada, primorosa, acicalando la conversación con aires de coqueteo. Siempre con esos matices imitados de gracia y amor. Sintió una perturbación en su cadera, teléfono llamando otra vez. Era él, pero no iba a responder. Esa noche acabó prematuramente. Avergonzada, ella rechazó cualquier intento de aproximación, en la oscuridad no se notaron sus ojos lúgubres.  
Y al llegar a la entrada de su edificio, esta vez sin compañía, echó una mirada fugaz cruzando la calle para comprobar que seguía allí, observándola a través de las rejas e iluminada como una visión. Para constatar que no se fue, que no la había abandonado.
Una mañana perdida en sueños, un despertar con boca seca y sin ansias. La tarde soleada la invitaba al footing palermitano, a la oxigenación dominical. Pero fue empujada a permanecer en su sillón, agobiada, acecinada. El teléfono volvió a acosarla. Lo ignoró. Hacía días que él no sabía nada de ella. O eso quería creer. Tirada, recordó cómo la había aferrado la última vez. Sentía el peso sobre su cuerpo, como aplastada yacía en el sofá. Impresas en su memoria, las palabras que le dijo antes de entrar al fastuoso hotel, la ataban a la humillación, a la desesperación. La enervaba no haber dejado claras las cosas. Quizás él era así con todas, primero las envolvía en zalamerías, las llenaba de frenesí, pero nunca irían a faltar esas súplicas patéticas, esos besos carentes de amor. Con sólo la intención de invitarla a que cayera embelesada por sus lujos, se dio cuenta qué aparentaba. No era lo que buscaba, más allá de no mostrarse insatisfecha frente a un tipo serio como él. La molestia ofuscaba el recuerdo del placer. Porque no hubo más deleite que el carnal. Odiaba su lascivia. Pero no se quejaba. Cesó de sonar el teléfono y otra vez se dejó llevar por la televisión llena de morbo, filantropía y egoísmo, que consolaba a su corazón inquieto por la culpa. De vez en cuando su mirada se desviaba a través del balcón, podía divisar la vereda y a ella, que la esperaba como una efigie. En no-tardes como esas solía acordarse de su juventud, que tan olvidada la tenía, pese a ser casi una niña.
Salió temprano, un día ocupado con cosas que consumen tiempo para hacer. De desayuno, cautelosa fue a fotografiar el bostezo de la muñeca de enfrente. Luego continuó su rutina de crearlo todo, distraerse de todo. Primero la revista, buscó trabajo para la semana. Después voló por los lugares habituales, haciendo piruetas por acá y allá, pispeando a conocidos y no conocidos, envolviéndose en charlas que a la noche no recordaría. Lo único que permanecería en su cabecita serían los minutos que pasó frente al escaparate, como otras veces cuando volvía a su refugio. Instantes de sosiego y admiración, abstraída completamente del mundo. Vestida de colores y bordados con pedrería, aquella era dueña de un cuerpo esbelto. La imaginaba suave, mientras pasaba los dedos entre su cabello. Parecía gozar de su desplante como una ninfa, sonrosada venustez que poseía. Y cuando contempló con timo sus ojos reflejados en el cristal, la mujer volada le susurró “qué bella eres”, suscitando su escepticismo, elevada su duda al aire. Hesitaba entre creer o no creer, que ella era (curiosamente) la que debutaba en el arte del amor. Lo triste sobrevino cuando él se intercaló, arruinando el nimbo. Ella lo vio esperándola en el umbral y de inmediato receló. Hola, amor, ¿Qué hacés acá…? Nada, vine a verte, ¿Te gusta la ropa de ese local, no? Ya sé, voy a comprarte algo. Ella se opuso con las fuerzas que le quedaban. No iba a permitir que la viese. Debía salvaguardarla como sea. ¿No querés pasar a tomar algo? Perdoname que no te llamé, estuve muy ocupada estos días, pero sería mejor subir si querés, estoy cansada en verdad. Jugaron el juego que siempre se presta fácil, terminaron desvanecidos con el deliquio. Ambos pensaron que no existía mejor relación que dos cuerpos comprendiéndose a la perfección. Por un momento se sintió miserable, compartiendo su cama con alguien, pero no se quejaba. Modesta le dio la espalda, segura de que se iría temprano y arrullada dulcemente por la ninfa, se durmió inmóvil.
Redolaba en la cama, contorneando la silente silueta en el sueño, la figura sin cabeza, tratando de alcanzar… y a la mañana con su cámara daba vueltas por el rosedal. Enfocaba lo que le apetecía, tenía paisajes en su mirilla, tenía ellas y ellos que antaño eran hermosos, ahora parecían moverse tordos, enormes, idiotas. Pero tenía margaritas en su cabello, a punto de ser deshojadas, me quiere no me quiere. El mediodía transido de café, angurrias diarias que intensifican al cénit de la pereza. A la tarde cayó por la redacción, dejó las fotos para revelar. Más tarde se brindó un poquito de contentura nocturna, amigos y amigas, risas y humo. Pero no se quejaba, porque al final regresó con su sombra, redimida de su exhaustiva tarea, consagrada al lecho y en su futuro soñar, a ella. La despidió desde el balcón con un saludo de buenas noches, antes de volver a caer en el cobijo de la oscuridad.
Sonó el timbre. Desorientada se levantó camino a responder y como gato se desperezó, rayada de luz colándose por la persiana. Era él. Lo invitó a subir, no podía rechazarlo sin excusas. Mirando la hora, se sintió abatida, era casi mediodía. Acomodó un poco el lugar, se vistió rápidamente bajo la mirada del otro, mientras oteaba por la ventana. Cualquier cosa le sentaba bien, casi sin mirarse al espejo se maquilló y sin embargo estaba preciosa. Él la llevó a almorzar a su restaurant preferido. Alabó la calidad de las carnes y la educación del servicio, mientras ella apática, hastiada, apenas tocaba su ensalada. Él empezó a mostrar preocupación (fingida). Últimamente te veo cansada, ¿Estás comiendo bien? ¿Seguís yendo al gimnasio? Respuestas pobres, poco armadas, estaba realmente trastornada. Sí... no sé, no pasa nada, quizás será que me están dando más trabajo en la revista. El interrogatorio se sucedió con una discusión fuera del alcance público. Él no podía seguir permitiendo esta indiferencia. Mirá, voy a ser directo: creo que no soy el único en tu vida, decime si me equivoco, porque espero estar malinterpretando la situación. Ella seguía desconcertada, le hizo promesas que se juró a sí misma cumplir. Él se repitió varias veces. ¿Vos tenés idea con quién estás hablando, no? Pero ella no se quejó. Luego lentamente pasearon por el botánico, ella entrelazó su mano con la suya, caricia sumisa. Sintió repugnancia de sí misma. Reposaron en el jardín francés, el mínimo roce de sus cuerpos la volvía loca, quería huir. Más tarde el improvisado rendez-vous concluía en su esquina. La dejó partir desde el vehículo con un beso de despedida. Melifluo para él, superfluo para ella.
Apenas pisó el suelo, corriendo fue a verla, pero no dejó que la demorara más de lo necesario. Caminó hasta el negocio a buscar sus fotografías. Esperó, contenida por el ambiente familiar. Le devolvió la gentil sonrisa al empleado, recuperando el calorcito, la serenidad perdida. La tarde soleada se interrumpió apenas, con el llamado de una amiga, ocurrente invitación a tomar algo. Con la luna a su espalda finalmente aterrizó en el hogar. Dejó las cosas desparramadas por la mesa, y al vuelo agarró el sobre con los revelados, que llevó en un dos por tres hasta la cama. El silencio y la luz del velador, ella recostada sobre su panza, pasando velozmente las imágenes hasta encontrarla. La arremetió a primera vista. La sujetó con violencia, hasta entender qué ocurría. La vidriera, y del otro lado la ondina. Y en primer plano, se superponía tenue una mujer, con la cabeza escondida detrás de la cámara. Era una extraña composición.

Esta vuelta, en frente no había reja. La luz del escaparate prendida y el negocio vacío. Cruzó la calle y despacio se acercó. Su respiración se marcó sutil, y los ojos nebulosos contemplaban absortos. Era una verdadera fantasía. Su cuerpo sonriente, arrobado de tirada desnudez oculta. Alzada en la punta de sus pies, intentaba evadirse del reflejo y en un ínfimo balanceo perdió el equilibrio. Se reventó su pecho contra el vidrio, contuvo apenas el aliento. Extendió los brazos hasta ella, creyó dominarla en un cálido abrazo de bienvenida. Duró, duró el feliz ensueño, sin embargo se sintió vejada, iludida su ilusión. Se observó unos segundos, radiante e iluminada en el cristal. Luego manos frías la tomaron desde el cuello, golpeándola contra el suelo del local. Lloró vestida de colores y bordados con pedrería, terminó sofocada su cabeza, desarraigada y perdida.

jueves, 4 de abril de 2013

Santi y los libros - Santiago Gomez


Todo comenzó con libros concisos y fáciles de entender. Algunos con rimas, otros con historias súper sencillas, Solamente recuerdo uno de Box Bunny cuando recién había empezado a leer.
Siempre practicaba con carteles y frases que encontraba por la calle, (más o menos tenia 5 años). En ese entonces Leia para presumir, pero también lo disfrutaba. Pasaron los años y dejo de interesarme la lectura, nunca tenia ganas de leer y mi viejo no lo paso por alto. Empezó a insistirme hasta que me obligo a leer 5 páginas por día. Vamos  ser sinceros, a veces leía, a veces no, pero en un momento comenzó a gustarme. Estamos hablando de mi, ya con 12 o 13 años, hubo mucho tiempo que no leí nada mas que por deber. Entonces termine de leer mi primer libro largo: “La borra del café” de Mario Benedetti. Lo que había empezado como una obligación impuesta por mi papa termino siendo un pasatiempo lleno de experiencias que con un poco  de imaginación era tan o mas real que la vida misma. De ahí en más empecé a leer otros libros como “las aventuras de Tom Sawyer”, “El caballero de la armadura oxidada” de Robert Fisher, “rebelión en la granja” de George Orwell, “Cuando Hitler robo el conejo rosa”, “El gato negro” de Edgar Alan Poe, entre otros. Tanbien me gustan mucho los libros que me hacen leer en la escuela, (a veces no, pero bueno), sin embargo elegir un libro para leer por decisión propia es mágico, no se compara. El titulo y la imagen de la tapa, los colores, todo eso te llama, así los libros te dicen que van a gustarte, a mi por lo menos nunca me mintieron, esperemos que siga así.

-Mi primer recuerdo relacionado con los libros fue el polvo, este me hacia pensar en diferentes adjetivos, como viejo, sabio, no se, cosas que me hacían respetarlos, como a un anciano al que no podes discutirle la razón jajaja.

-Como nombre anteriormente, el primer libro que recuerdo era el de Box Bunny. Eran rimas que obviamente siempre tenían que ver con zanahorias, y me acuerdo que el conejo era chiquito, esto también me hacia sentir reflejado, y me gustaba

-Me resulta muy gracioso el tema de señalar mi autor favorito de niño, porque no tenia idea de que había autores, para mi el libro solamente aparecía para ser leído, y no había una persona detrás que lo llevara a cabo. Mi escritor favorito era Marx, obviamente no entendía nada de lo que leía, pero verlo a mi papa leyendo era suficiente para adorarlo, además tenia entendido que era un pensador muy importante de la época, y leerlo era para cultos. Acá es cuando empiezo a presumir que leo a Carlos. Ya sin comprender nada me producía placer la lectura. Todas esas palabras llamaban mi atención. Lógicamente después de media hora me rendía ante la complejidad de los textos, pero 2 o 3 días después volvía a agarrarlo.

-Solamente leo español y Francés  algunas cosas sencillas en ingles, sobre todo por el tema de los juegos, que la mayoría son de origen norteamericano, y Francés leo solamente por la materia, sinceramente nunca pude disfrutar de leer en otro idioma, menos mal que es español es tan extenso, complejo y hermoso.

-Cuando era chico me llevaba libros de la biblioteca de mi primaria. Me acuerdo que agarraba como 5, para presumir y solamente leía 2 o 3, que de verdad me habían llamado la atención.

-Nunca fui de prestar libros, los que leí siempre los tuve, tampoco soy un gran lector, no leo mucho, toda esa pasión de la que tanto hablo en este trabajo la pude sentir muy pocas veces y con pocos libros. Todos los libros que leí cuando crecí (12 o 13 años) me los prestaba mi viejo. Estas vacaciones en brasil, mi amigo Ramiro Long, el colorado del curso (el único) me presto “rebelión en la granja”. El se levantaba temprano a trotar pero yo ni loco, me alcanzaba con lo que caminábamos por día que a las 11 de la noche ya estaba fulminado. Cuando me despertaba solo un rato después de que Long salía, me ponía a leer y estaba así horas,.
“Un capitulo más no me va a hacer mal” pensaba yo, pero cada vez que llegan al final la tensión me mataba y seguía. Me lo leí rapidísimo, y cuando lo termine empecé a buscar otro para leer, pero el otro no me llamaba la atención, aunque la mama de Long me lo había recomendado, y nunca leí mas que la tapa. Soy muy prejuicioso como se darán cuenta, eso no me parece bien, hay que darle una oportunidad a todos los libros de contar su historia o sus poemas, pero me cuesta romper esa barrera personal.

-Cambios producidos por las nuevas tecnologías… creo que pierde un poco la magia si lees un libro fotocopiado o en Internet, pero no me puedo hacer cargo de ese pensamiento, siempre opte por lo más económico, aunque admito que es muy mas lindo y sincero un libro que una copia barata.

-uh este ítem me gusto, “sitios preferidos para leer”, los lugares tranquilos obviamente, en brasil fue mágico leer, aunque no este mirando a mi alrededor cuando leo, mi entorno es muy importante, necesito tranquilidad para entrar en la lectura, me traslado del mundo real a mi mente, y empiezo a formar una película en mi cabeza. Tanto es así que hasta hago gestos según lo que suceda en el libro. Si el personaje esta enojado me enojo, si el personaje esta asustado en mis ojos se ve y también siento el miedo, si el personaje esta feliz, sonrío y hasta se me humedecen los ojos. Es genial meterse en la lectura, pero a veces un llamado, una alarma, un grito, el sonido de un teléfono te saca de contexto. Me toma 10 minutos entrar en ese mundo inventado por mi y dirigido por el texto (más o menos), y me toma un segundo salir de el. Es casi como que te despierten de un sueño con una patada, me molesta y a veces contesto sin saber lo que digo intentando, en vano, poder seguir concentrado en la lectura. Odio leer cerca del ruido e incomodo, hasta resulta un disgusto, porque leo algo que en el lugar adecuado podría haber disfrutado 3 veces mas, un malgasto total del libro.

-Mi biblioteca tiene libros de cuando era chico, sobre animales me gustaban mucho, mas científicos. Los libros policiales y de aventura aprendí a apreciarlos más adelante. Todos los libros los agarro de la biblioteca de mi viejo.
Nunca en mi vida marque un libro que no sea de historia, Francés  biología o de estudio, lo único que llegue a hacerle a un libro teatral, de poesía o una novela fue doblar el borde de la pagina para recordar por donde iba.

-Un libro que me cambio mucho fue “los ojos del perro siberiano” Porque en la historia esta siempre presente el SIDA, y para mi eso era tabú, pero después entendí que es parte de la realidad, y como tal hay que aceptarla y no esconderla, solamente hablarlo de forma precavida. Además el personaje principal cuando era chico escuchaba discutir a los papas y ellos nunca le decían que pasaba. Me sentí muchas veces así y pensé que era injusto, pensé que me sacaban un privilegio, pero solamente me estaban cuidando. Por sobre todo era una historia totalmente realista, con un final difícil de digerir .Entendí que en la vida  hay cosas mucho peores que llevarse una materia, o repetir, o esas cosas que a uno a esta edad lo deprimen tanto. La muerte de un hermano no la puede afrontar nadie.
Una parte que me dejo pasmado fue cuando Ezequiel (si no me equivoco) en X momento de la historia como cualquier otro, en el que uno se esta ocupando de hacer cosas y no de las desgracias propias, Se le rompe un vaso o algo así. Él comenzó a sangrar, y la triste realidad se llevo puesta las muecas de felicidad de todos, y el silencio las risas. Ese momento fue increíble y nunca me voy a olvidar esa sensación.




-varios libros que me mandaban a leer en la escuela quedaron inconclusos, aunque en su mayoría los leía a veces no los toleraba, ya los empezaba a leer con desgane y ni siquiera trataba de que me gustara. Mi viejo me quiso hacer leer “Metamorfosis” de Cafca, pero era mas chico y llegue a la mitad como 3 veces, sin continuarlo, por aburrimiento. Este año voy a leerlo con más optimismo.

-Orwell Es mi escritor preferido, el tema de las revoluciones y del poder político siempre me intereso.

-Me encanta la aventura y la literatura surrealista.

- Me parece casi de mala educación llamar hazaña a alguna de mis lecturas, se que muchos otros de mis compañeros leen mucho mas que yo. Creo que mi mayor hazaña fue leer a Marx, pero entenderlo, no como cuando era chico que leía cualquier cosa sin comprender. No lo leí entero, pero varios segmentos entre mi viejo y un diccionario pude entender.

- De mis frustraciones si puedo hablar mucho, Empecé una cantidad de libros increíbles que no me gustaron en el principio y tampoco en el final, ni siquiera me acuerdo de los títulos porque nunca me importaron, no quiero desvalorizarlos pero no me llamaban la atención para nada. Me frustra haber perdido el tiempo siendo que podría haber leído algo mas interesante.

-Leo por curiosidad, quiero saber porque se llama así el libro, por que tiene esa imagen, y cuando lo empiezo quiero saber que va a pasar en el final.

-dejo de leer cuando pierdo todo el interés en un libro. Puedo leer una hoja y no acordarme de absolutamente nada.

Si la lectura fuera obligatoria dejaría de caracterizarse por lo que es ahora, un mundo abierto de posibilidades para elegir, para decir si o no, o quiero este, etc.

-La literatura para mi en su aspecto mas importante sirve para comprender lo simbólico y la comparación, las metáforas y otras cosas que no se ven a simple viste y solamente reconoce un lector regular. Además ayuda a mejor la expresión y la ortografía.

-Me encanta leer después de comer o a las 6 en el patio de mi casa. A veces a la noche cuando me aburro o no puedo dormir.

-Mi manera de leer es peculiar, siempre miro las últimas 3 o 4 palabras del cuento, eso me da más curiosidad y motivación para leer. Por ejemplo leer: “Y allí estaba, sentada, esperándola”. Quien espera, a quien espera, cuando, donde, por que, son algunas de las preguntas que se me cruzan por la cabeza. Nunca salteo páginas a menos que ya lo haya leído, me da miedo pasarme una palabra clave, esa palabra que torna una historia en otra totalmente diferente.